La Belleza De

Las Cicatrices

Os cuento el porqué en mis colecciones hay una constante de las costuras vista, que se dejan ver y que no se ocultan…. Desde siempre las vi bellas y ahora se el porqué.

Vivimos en la cultura de lo desechable. Todo objeto tiene una vida útil con fecha de caducidad que sólo durará un período de tiempo determinado.

Se puede decir que lo mismo está pasando con las relaciones en las nuevas generaciones. Hoy, las personas somos cada día más individualistas y nos cuesta que nos demos el tiempo de arreglar problemas, de lograr consensos.

Bolso detalle encaje

Más vale maquillar, operar o eliminar de alguna forma cualquier tipo de imperfección, ya sea sicológica, física, relacional o material.

En este periodo de tiempo que estamos pasando me llamó la atención un arte milenario japonés, el Kintsugi: que consiste en restaurar una pieza que se ha roto, agrandando incluso la fractura con oro, plata o platino para enaltecer las cicatrices. Y más allá de un arte, es una filosofía oriental, una filosofía de vida.

Pero estas roturas o los daños nos cuentan una historia particular, y esto lo hace único, especial, más fuerte y hermoso, porque lo convierte en un “guerrero del camino”, por lo que las cicatrices del objeto deben enaltecerse y mostrarse en lugar de ocultarse, para manifestar así su historia y su transformación.

No se trata de arreglar los defectos, no se intenta perfeccionarlos, simplemente se vuelven a convertir las piezas rota en algo completo.

Bolso rojo detalle llaves

"No hay una belleza realmente excelsa que no tenga una anomalía en sus proporciones."

- Francis Bacon -

El mundo se encarga de agrietarnos, de llenarnos de fisuras, y es allí donde reside para nosotros un crisol de posibilidades; la cicatriz se convierte en una ocasión para enfrentarnos al mundo.

"El mundo nos rompe a todos, y luego algunos se hacen más fuertes en las partes rotas."

– Ernest Hemingway –

Cada una de estas roturas y fisuras forman parte de la historia viva de un objeto. Una trayectoria de la que sentirse orgulloso y no ocultarse jamás.

También este término japonés “Wabi-sabi” describe un tipo de visión estética basada en «la belleza de la imperfección», es una belleza comedida que existe en lo modesto, rústico, imperfecto o incluso lo decaído, una sensibilidad estética que encuentra una belleza melancólica en la impermanencia de las cosas.

Delantal raya azul

La filosofía vinculada al kintsugi se puede extrapolar a nuestra vida actual, colmada de ansias de perfección. A lo largo del tiempo conocemos fracasos, desengaños y pérdidas. Con todo, aspiramos a esconder nuestra naturaleza frágil, esa que nos hace más humanos y auténticos, bajo la máscara de la infalibilidad y éxito. Se ocultan los defectos, aunque desde que nacemos nos recorre una grieta. Adam Soboczynski apunta en El arte de no decir la verdad (Anagrama) que hemos aprendido a camuflar “con gran esfuerzo, y manteniendo la compostura, incluso la más terrible de las conmociones que nos golpean”.

Pero yo no quiero camuflar las heridas, quiero que se vean, quiero que apreciémonos como somos: rotos y nuevos, únicos, irreemplazables y en permanente cambio. 

Os cuento el porque en mis colecciones hay una constante de las costuras vista, que se dejan ver y que no se ocultan…. Desde siempre las vi bellas y ahora se el porqué.

Vivimos en la cultura de lo desechable. Todo objeto tiene una vida útil con fecha de caducidad que sólo durará un período de tiempo determinado.

Se puede decir que lo mismo está pasando con las relaciones en las nuevas generaciones. Hoy, las personas somos cada día más individualistas y nos cuesta que nos demos el tiempo de arreglar problemas, de lograr consensos.

Bolso detalle encaje

Más vale maquillar, operar o eliminar de alguna forma cualquier tipo de imperfección, ya sea sicológica, física, relacional o material.

En este periodo de tiempo que estamos pasando me llamó la atención un arte milenario japonés, el Kintsugi: que consiste en restaurar una pieza que se ha roto, agrandando incluso la fractura con oro, plata o platino para enaltecer las cicatrices. Y más allá de un arte, es una filosofía oriental, una filosofía de vida.

Pero estas roturas o los daños nos cuentan una historia particular, y esto lo hace único, especial, más fuerte y hermoso, porque lo convierte en un “guerrero del camino”, por lo que las cicatrices del objeto deben enaltecerse y mostrarse en lugar de ocultarse, para manifestar así su historia y su transformación.

No se trata de arreglar los defectos, no se intenta perfeccionarlos, simplemente se vuelven a convertir las piezas rota en algo completo.

Bolso rojo detalle llaves

"No hay una belleza realmente excelsa que no tenga una anomalía en sus proporciones."

- Francis Bacon -

El mundo se encarga de agrietarnos, de llenarnos de fisuras, y es allí donde reside para nosotros un crisol de posibilidades; la cicatriz se convierte en una ocasión para enfrentarnos al mundo.

"El mundo nos rompe a todos, y luego algunos se hacen más fuertes en las partes rotas."

– Ernest Hemingway –

Cada una de estas roturas y fisuras forman parte de la historia viva de un objeto. Una trayectoria de la que sentirse orgulloso y no ocultarse jamás.

También este término japones “Wabi-sabi” describe un tipo de visión estética basada en «la belleza de la imperfección», es una belleza comedida que existe en lo modesto, rústico, imperfecto o incluso lo decaído, una sensibilidad estética que encuentra una belleza melancólica en la impermanencia de las cosas.

Delantal raya azul

La filosofía vinculada al kintsugi se puede extrapolar a nuestra vida actual, colmada de ansias de perfección. A lo largo del tiempo conocemos fracasos, desengaños y pérdidas. Con todo, aspiramos a esconder nuestra naturaleza frágil, esa que nos hace más humanos y auténticos, bajo la máscara de la infalibilidad y éxito. Se ocultan los defectos, aunque desde que nacemos nos recorre una grieta. Adam Soboczynski apunta en El arte de no decir la verdad (Anagrama) que hemos aprendido a camuflar “con gran esfuerzo, y manteniendo la compostura, incluso la más terrible de las conmociones que nos golpean”.

Pero yo no quiero camuflar las heridas, quiero que se vean, quiero que apreciémonos como somos: rotos y nuevos, únicos, irreemplazables y en permanente cambio. 

Os cuento el porqué en mis colecciones hay una constante de las costuras vista, que se dejan ver y que no se ocultan…. Desde siempre las vi bellas y ahora se el porqué.

Vivimos en la cultura de lo desechable. Todo objeto tiene una vida útil con fecha de caducidad que sólo durará un período de tiempo determinado.

Se puede decir que lo mismo está pasando con las relaciones en las nuevas generaciones. Hoy, las personas somos cada día más individualistas y nos cuesta que nos demos el tiempo de arreglar problemas, de lograr consensos.

Bolso detalle azul con llaves
Bolso detalle encaje

Más vale maquillar, operar o eliminar de alguna forma cualquier tipo de imperfección, ya sea sicológica, física, relacional o material.

En este periodo de tiempo que estamos pasando me llamó la atención un arte milenario japonés, el Kintsugi: que consiste en restaurar una pieza que se ha roto, agrandando incluso la fractura con oro, plata o platino para enaltecer las cicatrices. Y más allá de un arte, es una filosofía oriental, una filosofía de vida.

Pero estas roturas o los daños nos cuentan una historia particular, y esto lo hace único, especial, más fuerte y hermoso, porque lo convierte en un “guerrero del camino”, por lo que las cicatrices del objeto deben enaltecerse y mostrarse en lugar de ocultarse, para manifestar así su historia y su transformación.

No se trata de arreglar los defectos, no se intenta perfeccionarlos, simplemente se vuelven a convertir las piezas rota en algo completo.

"No hay una belleza realmente excelsa que no tenga una anomalía en sus proporciones."

– Francis Bacon -

El mundo se encarga de agrietarnos, de llenarnos de fisuras, y es allí donde reside para nosotros un crisol de posibilidades; la cicatriz se convierte en una ocasión para enfrentarnos al mundo.

"El mundo nos rompe a todos, y luego algunos se hacen más fuertes en las partes rotas."

– Ernest Hemingway –

Cada una de estas roturas y fisuras forman parte de la historia viva de un objeto. Una trayectoria de la que sentirse orgulloso y no ocultarse jamás.

También este término japonés “Wabi-sabi” describe un tipo de visión estética basada en «la belleza de la imperfección», es una belleza comedida que existe en lo modesto, rústico, imperfecto o incluso lo decaído, una sensibilidad estética que encuentra una belleza melancólica en la impermanencia de las cosas.

La filosofía vinculada al kintsugi se puede extrapolar a nuestra vida actual, colmada de ansias de perfección. A lo largo del tiempo conocemos fracasos, desengaños y pérdidas. Con todo, aspiramos a esconder nuestra naturaleza frágil, esa que nos hace más humanos y auténticos, bajo la máscara de la infalibilidad y éxito. Se ocultan los defectos, aunque desde que nacemos nos recorre una grieta. Adam Soboczynski apunta en El arte de no decir la verdad (Anagrama) que hemos aprendido a camuflar “con gran esfuerzo, y manteniendo la compostura, incluso la más terrible de las conmociones que nos golpean”.

Pero yo no quiero camuflar las heridas, quiero que se vean, quiero que apreciémonos como somos: rotos y nuevos, únicos, irreemplazables y en permanente cambio. 

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